San Remo, Italia.- Llevando como principal escudero al mexicano Isaac del Toro, el ciclista esloveno Tajed Pogacar conquistó por primera vez la Milano-Sanremo 2026.
El campeón del mundo y referencia absoluta del pelón resolvió resolvió una de las cuentas pendientes más persistentes de su carrera al imponerse en la “Classicissima”.
Fue una edición marcada por la tensión táctica, una caída clave y la ejecución perfecta del plan de UAE Team Emirates, con Isaac del Toro como pieza central.
La carrera en el norte de Italia había sido, hasta ahora, el límite más claro en su trayectoria.

En 2020 fue 12º; en 2022 terminó quinto tras gastar de más en el Poggio; en 2023 fue cuarto, superado tácticamente; y en 2024 y 2025 firmó dos terceros lugares consecutivos sin lograr soltar a sus rivales en el momento decisivo.
Con la victoria, que se le había negado en cinco intentos previos, Pogacar alcanzó su undécimo Monumento, cifra con la que empata a Roger De Vlaeminck como el segundo máximo ganador de estas carreras, solo por detrás de Eddy Merckx con 19.
Además, tras conquistar su cuarto escenario diferente (Il Lombardia, Liège–Bastogne–Liège, Tour de Flandes y ahora la Milano-Sanremo) quedó a solo uno de completar el llamado “Monument Sweep”, una hazaña lograda únicamente por tres ciclistas en la historia: Merckx, De Vlaeminck y Rik Van Looy.
El único que le falta es París–Roubaix, el “Infierno en el Norte”, que se correrá el próximo 12 de abril.
El plan del UAE Team Emirates sufrió un duro golpe en los primeros kilómetros del trayecto. El suizo Jan Christensen sufrió una caída que lo dejó fuera de la acción, con una fractura de clavícula. Sin embargo, el equipo reaccionó a tiempo para ajustar el plan, con Isaac del Toro como escudero principal.
El segundo contratiempo llegó con un momento de máxima tensión sobre las aspiraciones del esloveno, que respondió con una épica remontada. A poco más de 30 kilómetros para la meta, estuvo involucrado en una caída, que lo dejó con el maillot completamente desgarrado y raspones visibles en la piel.

Lejos de comprometer su rendimiento, logró reconectar con el grupo, reposicionarse y ejecutar el plan sin margen de error.
La carrera se definió en la Cipressa, donde Del Toro cumplió con precisión la tarea asignada. El mexicano tomó la punta del pelotón en el ascenso más exigente del recorrido y elevó el ritmo para separar al grupo de contendientes. Su trabajo fue preciso: tensó la carrera en el punto correcto, sostuvo el esfuerzo y, una vez cumplida la misión, se apartó para dejarle el escenario listo al esloveno.
A 24 kilómetros del final, el campeón lanzó el ataque que definió la victoria. Se colocó al frente junto a Mathieu van der Poel y Tom Pidcock, formando el grupo que se jugaría la victoria.La ventaja se consolidó en el descenso y el tramo previo al Poggio.


